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Don Mingo y Margarita García, sobrina de la creadora del baile Jarabe Chenteño

Don Mingo, el trovador inmortal de Oaxaca

Voz21

Su voz es pájaro de mil versos, melodía inmortal que resuena en el recuerdo imborrable de Oaxaca al pregonar ¡Ya llegaron los de Ejutla!

Domingo Guzmán Morales, don Mingo o el Güero Guzmán, es historia viva de la Guelaguetza, relato encarnado de la fiesta racial más grande de latinoamérica.

Fue cultural la Feria Regional Huajuapan, Oaxaca

El hombre es oriundo “de esta tierra de Dios, Ejutla de Crespo”, tiene 80 años, y 42 de su vida en más de 500 versos narrados en las fiestas de la Guelaguetza. Retirado de la otrora rotonda de las azucenas desde el año 2000, don Mingo hilvana parte de la historia que envuelve a la delegación ejuteca.

“El primer año que participé fue bailando. Después, el señor que cantaba tuvo que emigrar a la Ciudad de México, posteriormente Carmelita Morales, la fundadora de la delegación nos pidió a Carlos Sánchez Contreras y a un servidor cantar los versos”.

Carlos se presentó el primer lunes del cerro, “lamentablemente se le olvidaron los versos a consecuencia del nerviosismo, me tocó a mi el segundo lunes del cerro; según, lo hice mejor, el caso es que desde ahí me quedé y eternice por 42 años como cantante”.

Talento innato

Mingo era oficial administrativo del Registro Civil, nunca estudió canto o poesía, su talento era nato y su inspiración fue su esposa Margarita García, quien al quedar huérfana estuvo bajo los cuidados de su tía paterna, Carmelita Morales García, creadora del cuadro dancístico del Jarabe Chenteño.

Carmelita Morales García, creadora en 1932 del cuadro dancístico Jarabe Chenteño o Jarabe Ejuteco, pero fue hasta 1934 cuando el baile se presentó por primera vez.

“Para serle franco”, explica don Mingo sentado con ese porte recio, la frase célebre ¡Ya llegaron los de Ejutla! fue establecida por Gustavo Pérez Jiménez, narrador oficial de los Lunes del Cerro. Aquella tan simple se perpetuó como emblema de la delegación.

“Cuando pisamos el auditorio se siente una cosa muy grande dentro del pecho. Emoción, miedo, no sé qué es lo que se siente. Una vez estando plantado ante el micrófono, empieza con el primer verso y poco a poco se va asentando”.

Su secreto -confiesa- era adentrarse en el cuadro, sentirse parte de aquella alegría animando al baile, pero sobre todo “sentirlo en la sangre”.

Antes que Mingo, los versos fueron cantados por José Santos Ramírez, Agustino Rodríguez “El Guayabita”, Arnulfo Zaragoza o “El Güero Zaragoza”, y Catarino Iriarte. Después en 1958, “me dieron la oportunidad, o el peligro y riesgo de meterme en este rollo”.

En la foto quedó inmortalizada la imagen de Margarita García en la presentación de la Guelaguetza en 1991

“Es un don que Dios me dio”

Durante las primeras décadas -recuerda- los versos eran dirigidos a los invitados especiales del gobernador en turno de tal manera que algunos fueron escritos el mismo día de la presentación, uno de ellos al exgobernador de Tabasco, Leandro Rovirosa Wade, en ese entonces como titular de la Secretaría de Recursos Hidráulicos.

Mingo hace una pausa, sus ojos se posan sobre un machete envainado. Los despliega lentamente con sus ojos sumidos en un recuerdo.

El machete lo lleva al pasado. El lugar, la recepción de un hotel en la capital del estado. Javier Ramírez, quien dirigía la delegación de bailarines de Ejutla había llegado a pedirle un favor especial en el tono imperativo que le permitía la confianza.

Mingo, quiero que me hagas un verso para grabarlo en un machete – Heriberto Aragón, reconocido forjador de cuchillos inscribiría la frase

¡Pero cómo, en este momento Javier! ¿pues crees que luego va a salir?

Tú me lo haces

Javier corrió por una pluma y hoja. Mingo comenzó a escribir. “¿Ya lo hiciste cabrón?”

Sobre aquél machete quedaría escrito “Soy riata que no revienta. Que aguanta los estirones. Amigo de los amigos, y padre de los cabrones”.

En otra ocasión -rememora- durante un desfile de delegaciones fue acaparado por una mujer extranjera quien le pidió que escribiera sobre una hoja de papel periódico un verso. Mingo lo hizo. “Es un don que Dios me dio”.

Encuentro imperecedero

Fue precisamente Carmelita Morales García quien vio talento en Mingo a quien conoció siendo él un niño.

Carmelita se desempeñaba como oficial administrativo del Registro Civil de Ejutla de Crespo, en ese entonces fue comisionada por el gobernador, Francisco López Cortés, para conformar una delegación que representara a Ejutla en los Lunes del Cerro.

Diseño del traje

Los trajes que se propusieron fue una blusa de Yogana elaborada de satén con blondas de seda y falda parecida a la de las Chinas Oaxaqueñas; el otro fue una blusa de Coatecas parecida a las que utilizaban en Tlacolula de Matamoros con falda amplia de olán, además de la indumentaria de San Vicente Coatlán con blusa hecha de manta y bordado en punto de cruz con “hazme si puedes” en los pliegues.

“El diseño les gustó, por eso mi tía, en paz descanse le puso al jarabe El Jarabe Chenteño” (Desde 1985 Jarabe Ejuteco), explica Margarita García, quien a sus 13 años a petición de su tía, debutó por primera vez en la rotonda de las azucenas.

Carmelita no era una maestra propiamente de danza, sin embargo, tenía talento para realizarlo. En 1933 Emma Castañeda, Guillermina González Martínez, así como las señoritas Tencha y Ramírez fueron a representar a Ejutla en el cerro del Fortín, pero no fue sino hasta 1934 cuando la delegación bailó por primera vez.

Carmelita Morales García nació el 16 de junio de 1895 y falleció el 17 de noviembre de 1963. Hasta el último año de su vida lo dedicó a mantener vivo el Jarabe Ejuteco.

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