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Guerra comercial de EU afectará sin duda a su industria

:::La intención de Donald Trump es equilibrar la balanza. La medida, en principio, suena razonable, sin embargo, la raíz del problema no es cuánto cobra cada región por recibir productos foráneos, sino que a los europeos simplemente no les gustan los vehículos estadounidenses

Voz21/ El Imparcial de Oaxaca

La llegada de Donald Trump al poder supuso un reto para las finanzas de algunas empresas que importan sus productos a Estados Unidos. La imposición de aranceles altos nace desde la intención de fomentar la inversión en el sector manufacturero del país, sin embargo, el mundo ha comenzado a responder a Estados Unidos con la misma medida. Un incremento arancelario por parte de China y de la Unión Europea pondrá una posición incómoda al sector automotor estadounidense. En la actualidad, Estados Unidos recibe de la Unión Europea un volumen de autos mucho mayor que el que exporta. De acuerdo con nuestros colegas de JATO Dynamics, el mercado estadounidense está recibiendo un total de 37.4 mil millones de euros en valor de autos, contra sólo 6.2 mil millones de exportación. Si revisamos cuánto se paga de aranceles, la balanza tampoco favorece mucho a Estados Unidos, y es que el país norteamericano tiene establecida una cuota de sólo el 2.5% para vehículos provenientes de la Unión Europea —25% si se trata de pick-ups— mientras que el Viejo Continente impone un arancel del 10% para cualquier vehículo fabricado en Estados Unidos.

 

La intención de Donald Trump es equilibrar la balanza con un arancel del 20% a los vehículos ensamblados en Europa. La medida, en principio, suena razonable, sin embargo, la raíz del problema no es cuánto cobra cada región por recibir productos foráneos, sino que a los europeos simplemente no les gustan los vehículos estadounidenses, y ante eso Trump puede hacer muy poco. A los europeos no les gustan los coches ‘yanquis’ y Trump no puede hacer nada al respecto Europa siempre ha sido un mercado de hatchbacks con motores pequeños; Estados Unidos es todo lo contrario: un país de sedanes y camioneta grandes con cilindradas altas. Fabricantes como Ford, Chrysler o General Motors no ofrecen en el Viejo Continente los mismos modelos que en América porque a Europa simplemente no le interesa tener Explorer, Malibu o Pacifica en sus calles; a Estados Unidos, en cambio, sí le gustan los BMW Serie 5, Audi A6 o Mercedes-Benz Clase E hechos en Europa. Por eso es que marcas como Ford o Jeep siguen una estrategia específica para Europa, en la que sólo el 1% y el 7% de lo que venden en el Viejo Continente, respectivamente, es importado de Estados Unidos. De enero a mayo de este año, casi el 8% de los autos vendidos en territorio yanqui provienen de Europa, mientras que a la inversa la relación es de sólo el 1.1%. Si Donald Trump eleva los aranceles, las repercusiones en las ventas de los fabricantes estadounidenses en Europa serían bajas por las pocas unidades exportadas, sin embargo, los consumidores yanquis notarían un incremento importante en el precio de algunos modelos, sobre todo los pertenecientes al mercado premium. Audi, Mercedes-Benz, BMW, Porsche, Volvo, MINI, Jaguar y Land Rover envían la mayor parte de sus modelos desde Europa. Podría pensarse que la medida ayudaría a que marcas que fabrican localmente —como Cadillac o Lincoln— vendieran más, sin embargo, la oferta de estas firmas es mucho más limitada que sus competidoras europeas.¿El resultado? Clientes que no encontrarán lo que buscan en marcas estadounidenses y que sí terminarán pagando más por llevarse a casa el coche que quieren. Los estadounidenses compran cada vez menos coches hechos localmente Si los productos importados suben tanto de precio, la lógica invita a pensar que todo lo fabricado localmente subirá sus ventas, sin embargo, la tendencia en los últimos años pone en evidencia que a los estadounidenses les interesan cada vez menos los vehículos fabricados localmente. Una estadística publicada por JATO Dynamics muestra que en los últimos 17 años, los estadounidenses han comprado un 11% menos de autos fabricados en su país, y que sólo de 2017 a 2018, la caída fue del 3%. Con incremento en aranceles, el mercado estadounidense se encarecerá y a los fabricantes locales les será más difícil vender en el extranjero.

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